La residencia navarra que resiste al virus: encierro voluntario... y 'pintxos'

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Faltan algunos minutos para las doce del mediodía y Vicente y su cuadrilla no dejan de tomarse el vino de todos los días. La diferencia es que antes iban al bar del hogar del jubilado de Estella (Navarra) y ahora que no pueden salir a la calle y toda la hostelería está cerrada en la Comunidad Foral practican su particular ‘poteo’ dentro de un salón de la residencia San Jerónimo donde les preparan cada día su particular ‘pintxo-pote’

Es una de las actividades que lleva cabo para hacer más llevadero el ‘confinamiento’ la residencia que se hizo famosa en el pico de la pandemia cuando 15 trabajadores de la misma se encerraron, entre el 23 de marzo y el 26 de abril, con los 60 ancianos residentes para hacer de esta institución un fortín contra el coronavirus. Hoy, en plena segunda ola del embate del SARS-CoV-2 y con más de 23.000 muertos en las cerca de 5.500 residencias españolas, la San Jerónimo de Estella sigue siendo un pequeño ‘brote verde’ en medio de tanta desolación y continúa sin padecer un solo contagio de la Covid 19 entre sus 60 residentes.

En la última semana Sanidad ha contabilizado 1.313 fallecimientos por coronavirus en España. De ellos, casi 700 se han producido en las residencias de ancianos en la que se contabilizan en esta última semana cerca de 170 brotes. En Navarra, según los datos reportados por Derechos Sociales del Gobierno Foral, el número de casos actualmente activos en centros de mayores era de 179 personas, de las 5.171 que residen en ellos, lo que supone un 3,5%. Desde el pasado 1 de julio han fallecido en Navarra 65 personas mayores procedentes de centros residenciales, 40 en centros hospitalarios y 25 en la propia residencia. 

Una enfermera con un paciente de UCI

Pero pese a estos datos, y excepción hecha de dos trabajadores que dieron positivo, la residencia San Jerónimo puede considerarse un centro libre de Covid 19, al menos entre los ancianos residentes. ¿Y cómo se logra este ‘milagro’? Para David Cabrero, director del centro, "se tira de creatividad, se cumplen las normas establecidas, formamos un equipo muy comprometido y que ha tomado una serie de medidas muy estrictas. Protocolos de acceso del personal, escalonado... No podemos entrar con nada de fuera como pendientes, móviles, relojes...".

Y luego entre los residentes "hemos creado cinco unidades de convivencia, según gustos y afinidades de los residentes, para lo que hemos tenido que hacer obras, tirar algún tabique, distinguimos las unidades de convivencia por colores para comodidad de los propios residentes... El comedor es ahora una unidad, el salón otra... Hemos andado con el mobiliario para arriba y para abajo, a los residentes no les hemos cambiado de habitación". Y "hemos sido muy rápidos para actuar cuando ha habido dos positivos entre los trabajadores". "Tenemos test PCR de sobra para hacer a los residentes cuando sea necesario", aclara.

Como dicen Consuelo Jiménez, de 83 años, y Victoria López, de 77, ambas residentes. "Aquí nos tratan como si estuviéramos en un hotel de cinco estrellas". La Residencia San Jerónimo, una fundación sin ánimo de lucro concertada con el Gobierno de Navarra, ha recibido varios premios por esta batalla, "hasta ahora", ganada al SARS CoV-2. "Emociona el saber que hemos hecho nuestro trabajo y que te lo reconozcan. Te da fuerzas para seguir adelante", explica David, quien, de cualquier manera, considera que "quizás haya que replantearse la manera de funcionar de nuestro sector. Ir hacia unidades de convivencia más pequeñas, por ejemplo. Nuestro sector está recibiendo un palo muy fuerte con la Covid-19. Los datos en esta segunda ola son también escalofriantes, pero hay mucha gente que se está esforzando en hacerlo lo mejor que puede día a día, pero a veces te puede entrar el virus por una mala práctica o por mera mala suerte". 

Entonces, “"sí que es verdad que cuando suceden cosas positivas en las residencias también hay que contarlo. Hay mucha gente en las residencias que se está dejando la piel para que las cosas vayan bien". Como Consuelo Jiménez, Josefina García también tiene 83 años, y cuenta cómo les ha "cambiado un poco la vida" con la cabina de hidromasaje que la Fundación Fluidra y la empresa INSENSI han donado a la residencia. "Nos damos paseos y tenemos entretenimiento como hacer gimnasia, los bolos, el parchís... Y ahora la cabina de hidromasaje, que está muy solicitada", explica. 

Josefina, además, no tiene nada más que palabras de agradecimiento a todo el personal de San Jerónimo "porque nos cuidan muy bien y aquí estamos fenomenal", y tiene una especial mención a la comida, que "está toda buenísima".

Un operario desinfecta una habitación en una residencia de mayores.

Decía el director de San Jerónimo que una de las claves de su ‘blindaje’ anti Covid ha sido el "actuar con celeridad". Si en la primera ola, cuando se empezaba a hablar de los problemas en las residencias, ellos, los trabajadores, decidieron ‘encerrarse’ junto a los ancianos, ahora, en esta segunda ola, a mediados de julio, cuando se empezaba apenas a hablar de rebrotes, y visto el cariz que estaban tomando los acontecimientos, decidieron "suprimir las salidas de las personas residentes. Tras aprobar un acuerdo por unanimidad en el consejo de participación, que fue respaldado además en referéndum por un 69% de las personas residentes".

Explica el director de la residencia que, de momento, "no hemos considerado en este momento encerrarnos como en marzo. Tenemos ahora otras herramientas, aunque si llegado el caso vuelve a decretarse otro confinamiento domiciliario como entonces, cosa que parece cada vez más lejana, quizás haya que volver a planteárselo". Eso sí, creen "en la participación efectiva de las personas residentes. Esta es su casa y tienen que tomar la opción de tomar decisiones como se hizo cuando decidimos finalizar con las salidas en julio", aunque luego, algunas semanas después, "nos lo impusieron".

Cuando en julio los residentes en San Jerónimo decidieron autoconfinarse, la dirección del centro analizó cuáles eran las salidas que realizaron los ancianos entre mayo y julio. "Y vimos que mayoritariamente eran de tres tipos: pasear, un grupo, mayoritariamente de hombres, salían a tomarse un vino o un café y, por último, los residentes salían a estar con sus familias". Así, el tema de los paseos estaba más o menos resuelto porque la institución cuenta con un jardín de casi 13.000 metros cuadrados donde los mayores podían pasear; "para las visitas habilitamos una sala para visitas con mamparas y una especie de manguitos de plástico para que los residentes y sus familiares pudieran ‘tocarse’, sentir el ‘calor’ de sus familias, humanizar la pandemia; y "para los del bar", dice David entre risas, "habilitamos un pintxo-pote y están encantados". Ahora mismo, con el cierre de la hostelería, "somos el único ‘bar’ que está funcionando en Navarra".

Anécdotas al margen, el director de San Jerónimo resalta la "excelente" convivencia con los residentes. "Estamos extremando las medidas de seguridad y, también las actividades, tenerlos entretenidos, haciendo cosas, para que no tengan la sensación de estar encerrados. Y ellos están agradecidos y contentos", además contar la colaboración y coordinación con las autoridades sanitarias navarras. "A veces no me permitían hacer todas las cosas que yo quería, pero me he resignado porque entiendo que la legislación y las normas no pueden ser específicas para nosotros". 

"En cuanto a todo el tema de PCRs, EPIs, etc, nos han proporcionado lo necesario; la formación de nuestras enfermeras se hizo de manera gratuita en el hospital de Navarra, tenemos test antígenos, PCRs para hacer ahora mismo test a todos los residentes... Yo en ese sentido sí que me he sentido como muy acompañado", señala. 

Este 17 de noviembre, el Departamento de Derechos Sociales del Gobierno foral anunciaba que ya ha transferido a las residencias de mayores una parte de los fondos comprometidos para hacer frente a los gastos extraordinarios que tan tenido que afrontar con motivo de la pandemia. Se trata de la primera comunidad en realizar esta compensación económica, ha destacado el Gobierno foral, que ha pagado 2.518.117, 20 euros, de los que 1,1 proceden de los fondos extraordinarios habilitados por el Estado y el resto con cargo a su presupuesto. 

Según la previsión del Departamento de Derechos Sociales queda pendiente de pago un millón de euros, hasta una cantidad total comprometida de 3,5 millones, que servirán para cubrir el 50% de los gastos extraordinarios en los que han incurrido los centros en 2020. Así, San Jerónimo sigue teniendo una lista de espera de más de 300 personas para entrar en la residencia e incluso, entre ambas olas "ha entrado a vivir con nosotros alguna persona más", pero "no nos queremos engañar" y "somos conscientes de que igual el día de mañana puede entrar el virus aquí". 

En ese sentido, David Cabrero explica que "hay que ser muy transparente y enseñar a todo el mundo lo que hacemos y si el día de mañana entra en virus en San Jerónimo, lo contaremos, seremos transparentes como hasta ahora y trataremos de plantarle cara a la situación como hasta ahora". Josefina entró en la residencia poco antes de que estallara la pandemia, el 20 de enero, porque "quería llevar una vida tranquila y, pese a todo lo estoy consiguiendo. Aquí estoy muy bien. Hacemos muchas actividades, nos tratan y cuidan de maravilla. Todo está muy bien organizado. Paseamos, hacemos gimnasia, punto de cruz, cantamos, rezamos... Estamos y nos sentimos muy seguras. El médico, la enfermera.... Lo único que echo de menos es no poder abrazar a mis hijos, que tengo cuatro, pero, por ahora, eso no es posible".

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